puertas entreabiertas |relato|
legan se fue y olvidó cerrar la puerta aquella vez. de todas maneras, no tenía la llave. ella se la quedó, del otro lado; de esa manera sería quien decidiera cuándo volver.
a nadie, tampoco a él, le gustan las puertas cerradas, con dos o más vueltas de llave, guardando todavía algunos rincones y sorpresas. pero reconocía que, a veces, era mejor echar el pestillo.
porque algunas bestias prefieren dejar esa puerta entreabierta para así poder asomarse con el hocico, echar un vistazo y tener siempre la posibilidad de volver a abrirla, ya sea poco a poco y sigilosamente o de una patada hasta dejarla de par en par rompiendo todas las seguridades.
aunque con sólo mirar por el estrecho hueco les basta, y deciden dejarla entornada perpetuamente. para saber que hay alguien detrás, sin intención de cruzar el umbral.
pero él comprendía que esas puertas muchas veces no separan habitaciones contiguas. al otro lado, advertía el mismo barro del que acabó perdido. y legan se marchó de nuevo, atravesando el pasillo por la puerta de atrás; a ver si así encontraba esa puerta sin llaves ni cerraduras a un nuevo jardín secreto.